EL MÉTODO

(English version)

Si no podía lograr objetividad mediante la colaboración de otros jueces, por lo menos podía aspirar a reducir al mínimo la influencia de mi interpretación personal utilizando un sistema de cuantificación por dimensiones. Cada canción tiene distintas características que pueden ser evaluadas independientemente, tales como la melodía y la letra y éstas pueden ser empleadas para generar apreciaciones que determinen en qué sentido una canción puede ser considerada “buena” o “mala”. Así, como primer paso, escogí las siete dimensiones que, en mi opinión, son más significativas a la hora de evaluar una canción.

Sin recordar qué puntaje le puse a una canción en una dimensión y qué puntaje le puse a otra, podía postular a ser justo y consistente en mis evaluaciones, y si bien no objetivo, por lo menos no completamente subjetivo en mi análisis. Además, sería explícito, es decir, expresaría claramente cuáles serían los criterios por los cuales una canción sería considerada “buena” o, por lo menos, mejor que otras. Al mismo tiempo, sería cuantitativo, pues la posición de cada canción en el ranking se debería a la combinación de valores numéricos, lo cual permitiría comparaciones rápidas y claras. Estos dos factores, a su vez, facilitarían la discusión, la corrección y la colaboración por parte de otras personas.

Los criterios son:

  1. Melodía: Apreciación general de la selección y la ordenación de las notas que genera una sensación agradable en quien la escucha. La mejor muestra de que una canción tiene una buena melodía es que pueda ser tarareada y, particularmente, que frecuentemente las personas la canten aunque no conozcan su letra, como con “California Dreamin’” de The Mamas & The Papas.
  2. Instrumentalización: Medida en que los instrumentos escogidos y los efectos de sonido contribuyen a potenciar el efecto que produce la canción. En esta categoría se valora positivamente el uso de instrumentos que logran sonidos únicos y la calidad de una post-producción que logra hacer los sones más claros, definidos e impactantes. No obstante, no se trata de considerar que mientras más instrumentos tenga una canción, mientras más fuerte suene, o mientras más efectos de sonido se le hayan agregado, será mejor. Se trata de evaluar cómo la instrumentalización elegida sirve al espíritu de la canción. Si bien Pink Floyd marcó hitos respecto de cómo usar las mesas de sonido, es difícil pensar que agregar otro instrumento a la guitarra de Jim Croce en “Time in a Bottle” permitiría comunicar con más impacto la belleza nostálgica de esta balada aún hoy hace llorar a muchas personas en todo el mundo.
  3. Impacto de la letra: Efecto que produce el texto cantado (o hablado) en una canción en quien lo escucha. Se refiere a la capacidad que tiene la letra para estimular la imaginación, elicitar reflexiones, lograr representaciones o, sobre todo, comunicar un mensaje. El valor de muchas canciones de protesta de Bob Dylan, de Joan Báez o de Rage Against de Machine radica en esta dimensión. Es donde se dan las operaciones del lenguaje: rimas, versos, retruécanos, juegos de palabras, metáforas, referencias semánticas y muchas otras. No obstante, una canción no es un poema con música (ni anécdotas con música, por mucho que a Sexual Democracia le haya costado entenderlo) y por ende no se puede pretender que la letra funcione por sí sola. Su efecto depende del contexto que genera, en primera instancia, la melodía.
  4. Complejidad estructural: Una canción forma un todo que, aunque compuesto por partes, tiene un valor holístico emergente –lo que es lo mismo que decir que el todo es más que sólo la suma de las partes-. Y estos componentes se pueden combinar de una manera convencional o innovativa. El rock, como género experimental que es, está en constante renovación y eso incluye la estructura de la canción. En esta dimensión se valora la medida en que la canción tiene un esqueleto simple o más bien complejo y la medida en que ese esqueleto le sirve al efecto final. No se trata de afirmar que una canción más larga o con más partes es necesariamente mejor. Hay muchas canciones cortas y directas que sencillamente le quitan el aliento a uno. Como las de los Ramones.
  5. Significancia histórica: Esta categoría viene a moderar la propiedad de la lista de reflejar únicamente mi gusto personal y, como tal, es una cuantificación del impacto que ha tenido cada canción para las personas a lo largo de 55 años de historia del rock. Para realizar esta cuantificación -que sé que es altamente criticable- me basé en distintos insumos; principalmente la cantidad de menciones y preferencias que tenía en foros y sitios web (Lew, 2005; VH1, 2008; SongMeanings, 2009), su aparición y posición en listados o rankings compilatorios (Canal 4, 2006; Guitar World, s/f; Juddery, M., 2007; Mack, s/f; NME, 2002, 2007; Pitchfork Media, 2006; Q, 2003, 2005; Rolling Stone, 2004; Triple J, 1989, 1990; VH1, 2008a, 2008b, 2008c) y mi propia observación. Evidentemente las películas que han sido usadas en comerciales, campañas audiovisuales y películas han llegado a más personas y, en muchos casos, se han vuelto populares entre éstas, pero lo principal es evaluar qué cantidad de personas conoce la canción en particular, la medida en que ha inspirado figuras musicales similares en composiciones futuras (como lo han hecho las canciones de Black Sabbath o la forma de cantar de Jerry Lee Lewis) y, por sobre todo, esa capacidad que tiene para despertar representaciones y emociones en el interior de quienes la escuchan. Si quisiéramos imaginarnos este criterio de una manera cuantitativa, sería algo así como “el promedio de la intensidad fenómenica que produce escuchar esta canción multiplicado por la cantidad de personas en el mundo que la conocen”.
  6. Cover (categoría dicotómica y de puntaje negativo): Calidad de la canción de ser la versión original de la misma o de ser una interpretación posterior. En este último caso la canción es menos meritoria. Se asigna un punto al tratarse de un cover (re-interpretación) o cero al tratarse de la versión original. Se considera un cover incluso si quien hace la nueva versión es el mismo artista que la grabó originalmente (como en el caso de “Take on Me” de a-Ha).
  7. Presencia de un riff memorable (categoría dicotómica): Un riff es una estructura musical breve que se repite a lo largo de una melodía y que se rememora fácilmente. En general es una de las partes mejor recordadas de una canción y que las personas típicamente reproducen para que un interlocutor la identifique. “Walk this Way” de Aerosmith, “Smoke on the Water” de Deep Purple o “Breakin’ the Law” de Judas Priest son ejemplos antonomásicos de esta figura.

Agregué finalmente un descuento de acuerdo al año de publicación de la canción de tal modo que las canciones más antiguas recibían una bonificación proporcional de puntaje. Esto porque las canciones más recientes se benefician del conocimiento histórico de las obras del pasado, tomando de ellas sus ideas y depurándolas para entregárselas a una audiencia más joven. Es por eso y por razones de ecuanimidad tecnológica que considero pertinente este “factor corrector de novedad”, pues contribuye a hacer más justa la competencia entre canciones antiguas y actuales.

Así, este ranking consiste en la cuantificación de la apreciación independiente de 7 dimensiones en aquellas canciones que considero particularmente meritorias en la historia del rock, agregando un factor corrector por año. Una vez asignadas las puntuaciones, éstas alimentarían la fórmula, que arrojaría el puntaje final para cada canción.

La fórmula es la siguiente:

Ptje = (M x 2) + (I x 1,1) + (L x 1,2) + (Ce) + (S x 1,2) + (R x 1,5) + (A¸ 11) – (Cv x 1,5)

En donde:

M : Melodía (20: 31,01%)

I : Instrumentalización (11: 17,05%)

L : Impacto de la Letra (12: 18,60%)

Ce : Complejidad Estructural (3: 4,65%)

S : Significancia Histórica (12: 18,60%)

R : Riff Memorable (1,5: 2,33%)

A : Año de publicación (5: 8,53%)

Cv : ¿Es un cover? (1,5: 2,33%)

Las constantes por las cuales se multiplica cada variable son ponderaciones específicas, diseñadas para darle a ésta una importancia o peso. Dicho peso está expresado entre paréntesis como el puntaje máximo para la categoría y su traducción al porcentaje que aporta al valor final[4].

De esta forma, considerando que se trata de una suma, se llega a que el puntaje máximo que puede obtener una canción es 64,5.

Una vez definidas las siete dimensiones y construida la fórmula, como paso siguiente fui recopilando aquellas composiciones del rock que tanto yo como otras fuentes[5] –a todas las cuales menciono en las referencias de este artículo- considerábamos “mejores”, más meritorias, en el rock. El único criterio que debían seguir las canciones para ingresar a la base de datos y ser puntuadas era pertenecer al reino del rock, es decir, el género vagamente definido de música popular que nació a mediados del siglo 20, que descansa en el desarrollo tecnológico de los instrumentos de la época y que está altamente secularizado (es decir, evoluciona con los tiempos, al contrario de lo que ocurre con la música folklórica). Su sonido a menudo gira en torno a las guitarras acústica y eléctrica y usa un fuerte ritmo de fondo proporcionado por una sección rítmica de bajo eléctrico, tambores e instrumentos de teclado tales como el órgano, el piano y sintetizadores (Wikipedia, 2009). En su “forma más pura” el rock “tiene tres acordes, un ritmo marcado e insistente y una melodía pegajosa”. De acuerdo a la All Music Guide (2009), se define por su energía, su rebeldía y sus ritmos contagiosos, pero a medida que el género maduró, comenzó a desprenderse de esas mismas características, poniendo el mismo énfasis en la virtuosidad y desplazando los límites teóricos del concepto mismo de la música.

Como género, el rock tuvo un sonido y una imagen específicas sólo por unos cuantos años. Durante la mayor parte de su vida, el rock ha sido fragmentado, dando origen a nuevos estilos y variaciones cada pocos años, desde el pop teenager y el heavy metal al dance-pop y el grunge, lo cual es casi lógico para un género que comenzó su existencia como una fusión de estilos.

Así, esto cubre música que pueden ser baladas acústicas suaves o rabiosos ataques sónicos, pero quedan excluidos: el folklore (Violeta Parra o cánticos coreanos, por ejemplo), la música llomántica latinoamericana, el rap, el bolero, el jazz y la música orquestada, entre otros. Esto no porque se trate de géneros menos meritorios, sino porque, sencillamente, son géneros distintos.

Así, después de un período de dos meses de investigación, llegué a confeccionar una base de datos de 1052 canciones, cada una de las cuales puntué independientemente en las 7 dimensiones anteriormente descritas. La motivación para incluir una canción en particular se basa en mi apreciación personal de ellas, de su aparición en discos compilatorios bajo el catálogo de ser “lo mejor” (“Best of”, “Gratest Hits”, etc.) de un artista o escena cultural (por ejemplo, “Best of the 50’s”, haciendo referencia a lo mejor de la década de 1950 a 1959), o por haber sido sugerida por contactos personales.

Mas como decía al comienzo, todo ranking recibe críticas. Algunas de estas apuntan a la representatividad cultural de los ítems que lo componen. En ese sentido, el mío no pudo escapar a esa impugnación, especialmente si analizamos la distribución de las 1050 canciones por país de origen.

50% de las canciones de la base de datos proviene de EE.UU. (lo cual no es de extrañar, si tomamos en cuenta que muchas de las fuentes empleadas para conformar la base de datos son, justamente, de ese país) mientras que el 32,29% proviene de Inglaterra. De los países restantes, sólo 5 superan el 1%: Alemania (1,71%), Australia (2,19%), Canadá (2,10%), Francia (1,90%) e Irlanda (1,43%). Suecia se acerca mucho, llegando al 0,95%.

Así, al menos el 88,01% de la base de datos es de canciones compuestas por personas provenientes de una cultura angloparlante. Si calculáramos cuántas canciones de éstas están realmente cantadas en inglés, llegaríamos a una cifra mucho más alta. De hecho, incluso canciones provenientes de países tan diversos como Islandia, Suecia, Japón, Brasil e India son cantadas en inglés. Esto bien puede ser usado como argumento para criticar la incepción de este ranking, mas creo no equivocarme al afirmar que esta composición refleja no sólo la arquitectura de otros rankings, sino además la realidad de la demanda de música de este tipo a lo ancho del globo. 1,90% estaba conformado por canciones cantadas en castellano.

Una vez recogidas las puntuaciones de cada canción, le apliqué a todas la formula que combinaba los valores arrojando un resultado final, del cual podemos ver una imagen a continuación:

Extracto de la base de datos original de la cual emana el ranking

Como último paso, procedí a ordenar las canciones de mayor a menor según su puntuación, marqué las 100 primeras y… voilà! El ranking de las 100 mejores canciones de la historia de acuerdo a Péntopa (mi pseudónimo) había cobrado vida.

A continuación, para deleite del lector paciente y ávido de conocer a qué puerto ha llegado este pequeño experimento, pasaré a presentar estas 100 canciones. El ranking completo y la base de datos original se encuentran en el archivo de planilla Excel “Las 100 mejores canciones“.

De modo que os dejo con el ranking. Sólo espero que este trabajo aporte un grano de arena a apreciar el alcance de los rankings y que ayude a orientar la confección de este tipo de jerarquías en el futuro.

Ir al ranking.

7 comentarios to “EL MÉTODO”

  1. Martin (majestuoso trabajo!) Says:

    Majestuoso trabajo!! Realmente destacable, sólo con leer la presentación. Lo puse en favoritos

  2. eliterockero Says:

    te felicito, pasame porfa los link de descarga

  3. Creo que esto determina claramente la diferencia entre el nerdismo y la obsesión… jajajaja

    muy buena lista!

  4. Por fin alguien que se digna a clasificar las cosas tal y como debería ser. Esta clasificación bien podría servir para repartir muchos de los premios que se entregan en la actualidad, que ni siquiera se entregan con criterio y se le dan a cualquiera.
    Te felicito, has hecho un gran trabajo.

    • pentopa Says:

      La idea de emplear este sistema para definir y entregar premios de reconocimiento público es muy interesante. Teniendo en cuenta que hoy en día la idea es que todos los procesos sean transparentes y de dominio público, me parece evidente que los espectadores deberían conocer los criterios que definen una decisión final. Ojalá alguna institución que entrega este tipo de galardones se fije en este ranking y lo tome como modelo.

  5. Ernesto Sanabria Aguilar Says:

    Me impresiona tu metodología y pulcritud para calificar los temas en cuestión. Casi excelente. No alcanza el grado de excelencia, a mi gusto, por haber concedido muy poco valor porcentual al Riff, y demasiado al contexto histórico.
    Sin embargo, te felicito. Has entregado un gran aporte la música y arrojado luces a quienes amamos esta expresión artística.

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